Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016

VATICANO, 28 Sep. 15 / 08:43 am (ACI).- «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7)

Queridos jóvenes:
Hemos llegado ya a la última etapa de nuestra peregrinación a Cracovia, donde el próximo año, en el mes de julio, celebraremos juntos la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. En nuestro largo y arduo camino nos guían las palabras de Jesús recogidas en el “sermón de la montaña”. Hemos iniciado este recorrido en 2014, meditando juntos sobre la primera de las Bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3). Para el año 2015 el tema fue «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). En el año que tenemos por delante nos queremos dejar inspirar por las palabras: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7).

1. El Jubileo de la Misericordia
Con este tema la JMJ de Cracovia 2016 se inserta en el Año Santo de la Misericordia, convirtiéndose en un verdadero Jubileo de los Jóvenes a nivel mundial. No es la primera vez que un encuentro internacional de los jóvenes coincide con un Año jubilar. De hecho, fue durante el Año Santo de la Redención (1983/1984) que San Juan Pablo II convocó por primera vez a los jóvenes de todo el mundo para el Domingo de Ramos. Después fue durante el Gran Jubileo del Año 2000 en que más de dos millones de jóvenes de unos 165 países se reunieron en Roma para la XV Jornada Mundial de la Juventud. Como sucedió en estos dos casos precedentes, estoy seguro de que el Jubileo de los Jóvenes en Cracovia será uno de los momentos fuertes de este Año Santo.

Quizás alguno de ustedes se preguntará: ¿Qué es este Año jubilar que se celebra en la Iglesia? El texto bíblico del Levítico 25 nos ayuda a comprender lo que significa un “jubileo” para el pueblo de Israel: Cada cincuenta años los hebreos oían el son de la trompeta (jobel) que les convocaba (jobil) para celebrar un año santo, como tiempo de reconciliación (jobal) para todos. En este tiempo se debía recuperar una buena relación con Dios, con el prójimo y con lo creado, basada en la gratuidad. Por ello se promovía, entre otras cosas, la condonación de las deudas, una ayuda particular para quien se empobreció, la mejora de las relaciones entre las personas y la liberación de los esclavos.

Jesucristo vino para anunciar y llevar a cabo el tiempo perenne de la gracia del Señor, llevando a los pobres la buena noticia, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos (cfr. Lc 4,18-19). En Él, especialmente en su Misterio Pascual, se cumple plenamente el sentido más profundo del jubileo. Cuando la Iglesia convoca un jubileo en el nombre de Cristo, estamos todos invitados a vivir un extraordinario tiempo de gracia. La Iglesia misma está llamada a ofrecer abundantemente signos de la presencia y cercanía de Dios, a despertar en los corazones la capacidad de fijarse en lo esencial. En particular, este Año Santo de la Misericordia «es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre» (Homilía en las Primeras Vísperas del Domingo de la Divina Misericordia, 11 de abril de 2015).

2. Misericordiosos como el Padre
El lema de este Jubileo extraordinario es: «Misericordiosos como el Padre» (cfr. Misericordiae Vultus, 13), y con ello se entona el tema de la próxima JMJ. Intentemos por ello comprender mejor lo que significa la misericordia divina.

El Antiguo Testamento, para hablar de la misericordia, usa varios términos; los más significativos son los de hesed y rahamim. El primero, aplicado a Dios, expresa su incansable fidelidad a la Alianza con su pueblo, que Él ama y perdona eternamente. El segundo, rahamim, se puede traducir como “entrañas”, que nos recuerda en modo particular el seno materno y nos hace comprender el amor de Dios por su pueblo, como es el de una madre por su hijo. Así nos lo presenta el profeta Isaías: «¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!» (Is 49,15). Un amor de este tipo implica hacer espacio al otro dentro de uno, sentir, sufrir y alegrarse con el prójimo.

En el concepto bíblico de misericordia está incluido lo concreto de un amor que es fiel, gratuito y sabe perdonar. En Oseas tenemos un hermoso ejemplo del amor de Dios, comparado con el de un padre hacia su hijo: «Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; […] ¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba. Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer» (Os 11,1-4). A pesar de la actitud errada del hijo, que bien merecería un castigo, el amor del padre es fiel y perdona siempre a un hijo arrepentido. Como vemos, en la misericordia siempre está incluido el perdón; ella «no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. […] Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón» (Misericordiae Vultus, 6).

El Nuevo Testamento nos habla de la divina misericordia (eleos) como síntesis de la obra que Jesús vino a cumplir en el mundo en el nombre del Padre (cfr. Mt 9,13). La misericordia de nuestro Señor se manifiesta sobre todo cuando Él se inclina sobre la miseria humana y demuestra su compasión hacia quien necesita comprensión, curación y perdón. Todo en Jesús habla de misericordia, es más, Él mismo es la misericordia.

En el capítulo 15 del Evangelio de Lucas podemos encontrar las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja perdida, de la moneda perdida y aquélla que conocemos como la del “hijo pródigo”. En estas tres parábolas nos impresiona la alegría de Dios, la alegría que Él siente cuando encuentra de nuevo al pecador y le perdona. ¡Sí, la alegría de Dios es perdonar! Aquí tenemos la síntesis de todo el Evangelio. «Cada uno de nosotros es esa oveja perdida, esa moneda perdida; cada uno de nosotros es ese hijo que ha derrochado la propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y ha perdido todo. Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca. Es un padre paciente, nos espera siempre. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y cuando volvemos a Él, nos acoge como a hijos, en su casa, porque jamás deja, ni siquiera por un momento, de esperarnos, con amor. Y su corazón está en fiesta por cada hijo que regresa. Está en fiesta porque es alegría. Dios tiene esta alegría, cuando uno de nosotros pecadores va a Él y pide su perdón» (Ángelus, 15 de septiembre de 2013).

La misericordia de Dios es muy concreta y todos estamos llamados a experimentarla en primera persona. A la edad de diecisiete años, un día en que tenía que salir con mis amigos, decidí pasar primero por una iglesia. Allí me encontré con un sacerdote que me inspiró una confianza especial, de modo que sentí el deseo de abrir mi corazón en la Confesión. ¡Aquel encuentro me cambió la vida! Descubrí que cuando abrimos el corazón con humildad y transparencia, podemos contemplar de modo muy concreto la misericordia de Dios. Tuve la certeza que en la persona de aquel sacerdote Dios me estaba esperando, antes de que yo diera el primer paso para ir a la iglesia. Nosotros le buscamos, pero es Él quien siempre se nos adelanta, desde siempre nos busca y es el primero que nos encuentra. Quizás alguno de ustedes tiene un peso en el corazón y piensa: He hecho esto, he hecho aquello… ¡No teman! ¡Él les espera! Él es padre: ¡siempre nos espera! ¡Qué hermoso es encontrar en el sacramento de la Reconciliación el abrazo misericordioso del Padre, descubrir el confesionario como lugar de la Misericordia, dejarse tocar por este amor misericordioso del Señor que siempre nos perdona!

Y tú, querido joven, querida joven, ¿has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que por amor te ha dado todo? Como nos enseña San Pablo, «la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores» (Rom 5,8). ¿Pero entendemos de verdad la fuerza de estas palabras?

Sé lo mucho que ustedes aprecian la Cruz de las JMJ – regalo de San Juan Pablo II – que desde el año 1984 acompaña todos los Encuentros mundiales de ustedes. ¡Cuántos cambios, cuántas verdaderas y auténticas conversiones surgieron en la vida de tantos jóvenes al encontrarse con esta cruz desnuda! Quizás se hicieron la pregunta: ¿De dónde viene esta fuerza extraordinaria de la cruz? He aquí la respuesta: ¡La cruz es el signo más elocuente de la misericordia de Dios! Ésta nos da testimonio de que la medida del amor de Dios para con la humanidad es amar sin medida! En la cruz podemos tocar la misericordia de Dios y dejarnos tocar por su misericordia. Aquí quisiera recordar el episodio de los dos malhechores crucificados junto a Jesús. Uno de ellos es engreído, no se reconoce pecador, se ríe del Señor; el otro, en cambio, reconoce que ha fallado, se dirige al Señor y le dice: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Jesús le mira con misericordia infinita y le responde: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (cfr. Lc 23,32.39-43). ¿Con cuál de los dos nos identificamos? ¿Con el que es engreído y no reconoce sus errores? ¿O quizás con el otro que reconoce que necesita la misericordia divina y la implora de todo corazón? En el Señor, que ha dado su vida por nosotros en la cruz, encontraremos siempre el amor incondicional que reconoce nuestra vida como un bien y nos da siempre la posibilidad de volver a comenzar.

3. La extraordinaria alegría de ser instrumentos de la misericordia de Dios.
La Palabra de Dios nos enseña que «la felicidad está más en dar que en recibir» (Hch 20,35). Precisamente por este motivo la quinta Bienaventuranza declara felices a los misericordiosos. Sabemos que es el Señor quien nos ha amado primero. Pero sólo seremos de verdad bienaventurados, felices, cuando entremos en la lógica divina del don, del amor gratuito, si descubrimos que Dios nos ha amado infinitamente para hacernos capaces de amar como Él, sin medida. Como dice San Juan: «Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. […] Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros» (1 Jn 4,7-11).

Después de haberles explicado a ustedes en modo muy resumido cómo ejerce el Señor su misericordia con nosotros, quisiera sugerirles cómo podemos ser concretamente instrumentos de esta misma misericordia hacia nuestro prójimo.

Me viene a la mente el ejemplo del beato Pier Giorgio Frassati. Él decía: «Jesús me visita cada mañana en la Comunión, y yo la restituyo del mísero modo que puedo, visitando a los pobres». Pier Giorgio era un joven que había entendido lo que quiere decir tener un corazón misericordioso, sensible a los más necesitados. A ellos les daba mucho más que cosas materiales; se daba a sí mismo, empleaba tiempo, palabras, capacidad de escucha. Servía siempre a los pobres con gran discreción, sin ostentación. Vivía realmente el Evangelio que dice: «Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto» (Mt 6,3-4). Piensen que un día antes de su muerte, estando gravemente enfermo, daba disposiciones de cómo ayudar a sus amigos necesitados. En su funeral, los familiares y amigos se quedaron atónitos por la presencia de tantos pobres, para ellos desconocidos, que habían sido visitados y ayudados por el joven Pier Giorgio.

A mí siempre me gusta asociar las Bienaventuranzas con el capítulo 25 de Mateo, cuando Jesús nos presenta las obras de misericordia y dice que en base a ellas seremos juzgados. Les invito por ello a descubrir de nuevo las obras de misericordia corporales: dar de comer a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a los desnudos, acoger al extranjero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: aconsejar a los que dudan, enseñar a los ignorantes, advertir a los pecadores, consolar a los afligidos, perdonar las ofensas, soportar pacientemente a las personas molestas, rezar a Dios por los vivos y los difuntos. Como ven, la misericordia no es “buenismo”, ni un mero sentimentalismo. Aquí se demuestra la autenticidad de nuestro ser discípulos de Jesús, de nuestra credibilidad como cristianos en el mundo de hoy.

A ustedes, jóvenes, que son muy concretos, quisiera proponer que para los primeros siete meses del año 2016 elijan una obra de misericordia corporal y una espiritual para ponerla en práctica cada mes. Déjense inspirar por la oración de Santa Faustina, humilde apóstol de la Divina Misericordia de nuestro tiempo:

«Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla […]

A que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos […]

A que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos […]

A que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras […]

A que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio […]

A que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo»
(Diario 163).

El mensaje de la Divina Misericordia constituye un programa de vida muy concreto y exigente, pues implica las obras. Una de las obras de misericordia más evidente, pero quizás más difícil de poner en práctica, es la de perdonar a quien te ha ofendido, quien te ha hecho daño, quien consideramos un enemigo. «¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices» (Misericordiae Vultus, 9).

Me encuentro con tantos jóvenes que dicen estar cansados de este mundo tan dividido, en el que se enfrentan seguidores de facciones tan diferentes, hay tantas guerras y hay incluso quien usa la propia religión como justificación para la violencia. Tenemos que suplicar al Señor que nos dé la gracia de ser misericordiosos con quienes nos hacen daño. Como Jesús que en la cruz rezaba por aquellos que le habían crucificado: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). El único camino para vencer el mal es la misericordia. La justicia es necesaria, cómo no, pero ella sola no basta. Justicia y misericordia tienen que caminar juntas. ¡Cómo quisiera que todos nos uniéramos en oración unánime, implorando desde lo más profundo de nuestros corazones, que el Señor tenga misericordia de nosotros y del mundo entero!

4. ¡Cracovia nos espera!
Faltan pocos meses para nuestro encuentro en Polonia. Cracovia, la ciudad de San Juan Pablo II y de Santa Faustina Kowalska, nos espera con los brazos y el corazón abiertos. Creo que la Divina Providencia nos ha guiado para celebrar el Jubileo de los Jóvenes precisamente ahí, donde han vivido estos dos grandes apóstoles de la misericordia de nuestro tiempo. Juan Pablo II había intuido que este era el tiempo de la misericordia. Al inicio de su pontificado escribió la encíclica Dives in Misericordia. En el Año Santo 2000 canonizó a Sor Faustina instituyendo también la Fiesta de la Divina Misericordia en el segundo domingo de Pascua. En el año 2002 consagró personalmente en Cracovia el Santuario de Jesús Misericordioso, encomendando el mundo a la Divina Misericordia y esperando que este mensaje llegase a todos los habitantes de la tierra, llenando los corazones de esperanza: «Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad» (Homilía para la Consagración del Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, 17 de agosto de 2002).

Queridos jóvenes, Jesús misericordioso, retratado en la imagen venerada por el pueblo de Dios en el santuario de Cracovia a Él dedicado, les espera. ¡Él se fía de ustedes y cuenta con ustedes! Tiene tantas cosas importantes que decirle a cada uno y cada una de ustedes… No tengan miedo de contemplar sus ojos llenos de amor infinito hacia ustedes y déjense tocar por su mirada misericordiosa, dispuesta a perdonar cada uno de sus pecados, una mirada que es capaz de cambiar la vida de ustedes y de sanar sus almas, una mirada que sacia la profunda sed que demora en sus corazones jóvenes: sed de amor, de paz, de alegría y de auténtica felicidad. ¡Vayan a Él y no tengan miedo! Vengan para decirle desde lo más profundo de sus corazones: “¡Jesús, confío en Ti!”. Déjense tocar por su misericordia sin límites, para que ustedes a su vez se conviertan en apóstoles de la misericordia mediante las obras, las palabras y la oración, en nuestro mundo herido por el egoísmo, el odio y tanta desesperación.

Lleven la llama del amor misericordioso de Cristo – del que habló San Juan Pablo II – a los ambientes de su vida cotidiana y hasta los confines de la tierra. En esta misión, yo les acompaño con mis mejores deseos y mi oración, les encomiendo todos a la Virgen María, Madre de la Misericordia, en este último tramo del camino de preparación espiritual hacia la próxima JMJ de Cracovia, y les bendigo de todo corazón.

Desde el Vaticano, 15 de agosto de 2015
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

FRANCISCO

Fuente: ACIPRENSA jmj

17 sueños alcanzables

En pasado viernes 25 de septiembre a las 11.48 en Nueva York se oía un aplauso largo. Las Naciones Unidas con todos sus estados miembros acababa de aprobar por unanimidad la resolución titulada Transformar nuestro mundo: la agenda 2030 para un mundo sostenible.

Para permitirnos avanzar como humanidad nos hemos puesto 17 objetivos, 17 sueños nacidos del anhelo de hacer de este nuestro mundo un lugar sostenible, menos desigual y para acabar con la pobreza en todos sus sentidos. El Papa tuvo una intervención histórica ante una cumbre y un mundo falto de liderazgos proféticos “La exclusión económica y social es una absoluta negación de la fraternidad entre los hombres y una gran ofensa contra los derechos humanos y el medio ambiente” dijo ante 193 líderes mundiales y ante el mundo entero.

La Agenda de Desarrollo Sostenible hasta 2030 con sus 17 objetivos es para todos los países y para todas las personas, ya no se entiende un mundo dividido norte-sur, los polos de poder han cambiado, el norte y el sur están en ambos lados del hemisferio.

Los cristianos creemos en un Dios encarnado, que actúa en la historia, por lo que nos debería ser difícil separar la fe de la política entendiéndola desde la actividad en lo público, en lo que es de todos y todas. Estos 17 sueños, utopías, retos u objetivos son nuestros en cuanto son una llamada al cuidado de esta nuestra casa común y de todo la humanidad.

Somos nosotros en nuestros actos del día a día en un mundo global e interconectado, y son a nuestros gobiernos y a las empresas a las que tenemos que exigir como ciudadanía que aunque es tarde para muchos de nuestros hermanos, es la hora.

Shakira puso la nota musical a ese 25 de septiembre, día histórico para la humanidad, versionó el Imagine de Lennon. En un tweet alguien lanzó ¿Es posible o un mundo mejor solo está en la imaginación? La historia y las siguientes generaciones nos dirán.

FUENTE: www.pastoralsj.org17

Discurso que el Papa Francisco no leyó en el encuentro con los jóvenes de Cuba

LA HABANA, 20 Sep. 15 / 06:32 pm (ACI).- Como hizo en la Catedral de La Habana con los sacerdotes y religiosas, el Papa Francisco también decidió improvisar el discurso para el encuentro que sostuvo con los jóvenes de Cuba en el Centro Félix Varela. A continuación las palabras que el Santo Padre había preparado originalmente…

Queridos amigos:
Siento una gran alegría de poder estar con ustedes precisamente aquí en este Centro cultural, tan significativo para la historia de Cuba. Doy gracias a Dios por haberme concedido la oportunidad de tener este encuentro con tantos jóvenes que, con su trabajo, estudio y preparación, están soñando y también haciendo ya realidad el mañana de Cuba.

Agradezco a Leonardo sus palabras de saludo, y especialmente porque, pudiendo haber hablado de muchas otras cosas, ciertamente importantes y concretas, como las dificultades, los miedos, las dudas –tan reales y humanas–, nos ha hablado de esperanza, de esos sueños e ilusiones que anidan con fuerza en el corazón de los jóvenes cubanos, más allá de sus diferencias de formación, de cultura, de creencias o de ideas. Gracias, Leonardo, porque yo también, cuando los miro a ustedes, la primera cosa que me viene a la mente y al corazón es la palabra esperanza. No puedo concebir a un joven que no se mueva, que esté paralizado, que no tenga sueños ni ideales, que no aspire a algo más.

Pero, ¿cuál es la esperanza de un joven cubano en esta época de la historia? Ni más ni menos que la de cualquier otro joven de cualquier parte del mundo. Porque la esperanza nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor. Sin embargo, eso comporta un riesgo. Requiere estar dispuestos a no dejarse seducir por lo pasajero y caduco, por falsas promesas de felicidad vacía, de placer inmediato y egoísta, de una vida mediocre, centrada en uno mismo, y que sólo deja tras de sí tristeza y amargura en el corazón. No, la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Yo le preguntaría a cada uno de ustedes: ¿Qué es lo que mueve tu vida? ¿Qué hay en tu corazón, dónde están tus aspiraciones? ¿Estás dispuesto a arriesgarte siempre por algo más grande?

Tal vez me pueden decir: «Sí, Padre, la atracción de esos ideales es grande. Yo siento su llamado, su belleza, el brillo de su luz en mi alma. Pero, al mismo tiempo, la realidad de mi debilidad y de mis pocas fuerzas es muy fuerte para decidirme a recorrer el camino de la esperanza. La meta es muy alta y mis fuerzas son pocas. Mejor conformarse con poco, con cosas tal vez menos grandes pero más realistas, más al alcance de mis posibilidades». Yo comprendo esta reacción, es normal sentir el peso de lo arduo y difícil, sin embargo, cuidado con caer en la tentación de la desilusión, que paraliza la inteligencia y la voluntad, ni dejarnos llevar por la resignación, que es un pesimismo radical frente a toda posibilidad de alcanzar lo soñado. Estas actitudes al final acaban o en una huida de la realidad hacia paraísos artificiales o en un encerrarse en el egoísmo personal, en una especie de cinismo, que no quiere escuchar el grito de justicia, de verdad y de humanidad que se alza a nuestro alrededor y en nuestro interior.

Pero, ¿qué hacer? ¿Cómo hallar caminos de esperanza en la situación en que vivimos? ¿Cómo hacer para que esos sueños de plenitud, de vida auténtica, de justicia y verdad, sean una realidad en nuestra vida personal, en nuestro país y en el mundo? Pienso que hay tres ideas que pueden ser útiles para mantener viva la esperanza.

La esperanza, un camino hecho de memoria y discernimiento. La esperanza es la virtud del que está en camino y se dirige a alguna parte. No es, por tanto, un simple caminar por el gusto de caminar, sino que tiene un fin, una meta, que es la que da sentido e ilumina el sendero. Al mismo tiempo, la esperanza se alimenta de la memoria, abarca con su mirada no sólo el futuro sino el pasado y el presente. Para caminar en la vida, además de saber a dónde queremos ir es importante saber también quiénes somos y de dónde venimos. Una persona o un pueblo que no tiene memoria y borra su pasado corre el riesgo de perder su identidad y arruinar su futuro. Se necesita por tanto la memoria de lo que somos, de lo que forma nuestro patrimonio espiritual y moral. Creo que esa es la experiencia y la enseñanza de ese gran cubano que fue el Padre Félix Varela. Y se necesita también el discernimiento, porque es esencial abrirse a la realidad y saber leerla sin miedos ni prejuicios. No sirven las lecturas parciales o ideológicas, que deforman la realidad para que entre en nuestros pequeños esquemas preconcebidos, provocando siempre desilusión y desesperanza. Discernimiento y memoria, porque el discernimiento no es ciego, sino que se realiza sobre la base de sólidos criterios éticos, morales, que ayudan a discernir lo que es bueno y justo.

La esperanza, un camino acompañado. Dice un proverbio africano: «Si quieres ir deprisa, ve solo; si quieres ir lejos, ve acompañado». El aislamiento o la clausura en uno mismo nunca generan esperanza, en cambio, la cercanía y el encuentro con el otro, sí. Solos no llegamos a ninguna parte. Tampoco con la exclusión se construye un futuro para nadie, ni siquiera para uno mismo. Un camino de esperanza requiere una cultura del encuentro, del diálogo, que supere los contrastes y el enfrentamiento estéril. Para ello, es fundamental considerar las diferencias en el modo de pensar no como un riesgo, sino como una riqueza y un factor de crecimiento. El mundo necesita esta cultura del encuentro, necesita de jóvenes que quieran conocerse, que quieran amarse, que quieran caminar juntos y construir un país como lo soñaba José Martí: «Con todos y para el bien de todos».

La esperanza, un camino solidario. La cultura del encuentro debe conducir naturalmente a una cultura de la solidaridad. Aprecio mucho lo que ha dicho Leonardo al comienzo cuando ha hablado de la solidaridad como fuerza que ayuda a superar cualquier obstáculo. Efectivamente, si no hay solidaridad no hay futuro para ningún país. Por encima de cualquier otra consideración o interés, tiene que estar la preocupación concreta y real por el ser humano, que puede ser mi amigo, mi compañero, o también alguien que piensa distinto, que tiene sus ideas, pero que es tan ser humano y tan cubano como yo mismo.

No basta la simple tolerancia, hay que ir más allá y pasar de una actitud recelosa y defensiva a otra de acogida, de colaboración, de servicio concreto y ayuda eficaz. No tengan miedo a la solidaridad, al servicio, al dar la mano al otro para que nadie se quede fuera del camino.

Este camino de la vida está iluminado por una esperanza más alta: la que nos viene de la fe en Cristo. Él se ha hecho nuestro compañero de viaje, y no sólo nos alienta sino que nos acompaña, está a nuestro lado y nos tiende su mano de amigo. Él, el Hijo de Dios, ha querido hacerse uno como nosotros, para recorrer también nuestro camino. La fe en su presencia, su amor y su amistad, encienden e iluminan todas nuestras esperanzas e ilusiones. Con Él, aprendemos a discernir la realidad, a vivir el encuentro, a servir a los demás y a caminar en la solidaridad.

Queridos jóvenes cubanos, si Dios mismo ha entrado en nuestra historia y se ha hecho hombre en Jesús, si ha cargado en sus hombros con nuestra debilidad y pecado, no tengan miedo a la esperanza, no tengan miedo al futuro, porque Dios apuesta por ustedes, cree en ustedes, espera en ustedes.

Queridos amigos, gracias por este encuentro. Que la esperanza en Cristo su amigo les guíe siempre en su vida. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Que el Señor los bendiga.

Fuente: ACIPRENSApapa_francisco_jovenes_cuba

Viven jóvenes experiencia del Pre-Seminario

Monterrey N.L. (‪#‎PastoralSigloXXI‬).- El pre-Seminario que organiza el Seminario de Monterrey va dirigido a aquellos muchachos con inquietud sacerdotal que por medio del Centro Vocacional han pedido su ingreso al Seminario. Es la actividad propia con la que se busca ayudar a los nuevos seminaristas a tener la transición de su vida ‘ordinaria’ al nuevo estilo de vida propia del Seminario viviendo cuatro días en comunidad con la ayuda de la propia vivencia, charlas, reflexiones y principalmente la oración.

El pre-Seminario 2015 está cerca y el Arzobispo de Monterrey durante la rueda de prensa dominical invitó a la comunidad orar por los jóvenes que han descubierto la inquietud en su corazón del llamado de Dios.

“El próximo jueves 2 de julio iniciara el pre-seminario, en donde 50 jóvenes candidatos a entrar al Seminario en el mes de agosto tendrán la oportunidad de reflexionar sobre su vocación y tomar la decisión final. Las actividades concluirán el domingo 5 de julio por lo que pido a la comunidad los incluya en sus oraciones para que tengan el gusto y la alegría de ingresar al Seminario”, invitó el Arzobispo.

Por. Juan Pablo Vázquez Rodríguez

 

preseminario

Lecciones del Papa Francisco para los jóvenes sobre la vida y el amor en castidad

Uno de los encuentros más emblemáticos de la visita del Papa Francisco a la ciudad italiana de Turín el domingo fue el que mantuvo en la tarde con los jóvenes, a los que, en respuesta a tres preguntas sobre el amor, la vida y los amigos, les pidió ir a contracorriente y vivir la castidad.

También denunció la hipocresía de aquellos que piden la paz pero al mismo tiempo fabrican armas y les pidió ser creativos y valientes.

Amor y castidad

El Papa explicó que esas palabras tienen en común el querer “vivir”. Aseguró que “es feo ver a un joven ‘parado’, que vive, pero vive como un vegetal: hace las cosas, pero la vida no es una vida que se mueve, está detenida”. Por eso reconoció que “me dan mucha tristeza en el corazón los jóvenes se jubilen con 20 años”, lo que significa que “han envejecido pronto”.

“Lo que hace que un joven ‘no se jubile’ es querer amar, el ansia de dar aquello que tiene de precioso el hombre, y que tiene más precioso Dios, porque la definición que Juan da de Dios es ‘Dios es amor’” y por tanto “cuando el joven ama, vive, crece, no va en pensión”.

Francisco, con su habitual simpatía, explicó que el amor no es “la telenovela” sino que “está más en las obras que en las palabras: el amor concreto”. El amor, además “se da”, como Dios cuando eligió a su pueblo, recordó.

Pero también “el amor se comunica siempre, es decir, el amor escucha y responde, el amor se hace en el diálogo, en la comunión: se comunica” y no es un sentimiento romántico del momento o una historia, no, es concreto, está en las obras”.

En este punto, el Santo Padre aseguró que, como le estaban permitiendo hablar con sinceridad, “también el Papa algunas veces debe arriesgar sobre las cosas para decir la verdad”. Y dijo: “El amor está en las obras, en el comunicar, pero el amor es muy respetuoso con las personas, no una a las personas, es decir, el amor es casto”.

“Y a vosotros jóvenes en este mundo, en este mundo hedonista, en este mundo donde solamente tiene publicidad el placer, pasarlo bien, vivir la vida, yo les digo: sean castos, sean castos”.

“Todos nosotros en la vida hemos pasado por momentos en los que esta virtud ha sido muy difícil, pero es la vida de un amor genuino, de un amor que sabe dar la vida, que no busca usar al otro para el propio placer”.

También es un amor “que considera sagrada la vida de la otra persona: te respeto, no quiero usarte, no quiero usarte”. Esto “no es fácil” y “todos sabemos las dificultades para superar esta concepción ‘facilista’ y hedonista del amor”. Por eso, de nuevo Francisco les pidió: “hagan el esfuerzo de vivir el amor castamente”.

El Pontífice puso de ejemplo el amor de los padres, un amor en el “servicio” porque sirve a los otros”.

Vida, guerra y cultura del descarte

El segundo tema que abordó Francisco fue el de la “vida” y reconoció que muchas veces hay que preguntarse para qué vivir. “Pensemos, en este mundo, en las guerras. Algunas veces he dicho que estamos viviendo la Tercera Guerra Mundial, pero por partes. En Europa hay guerra, en África hay guerra, en Oriente Medio hay guerra, en otros países hay guerra… ¿Puedo tener confianza en una vida así?, ¿pudo fiarme de los dirigentes mundiales?”, se preguntó ante los miles de jóvenes que le escuchaban.

“Cuando voy a dar el voto a un candidato, ¿me puedo fiar de que no llevará a mi país a la guerra? Si tú te fías solo de los hombres, ¡has perdido!”, dijo a continuación.

Esto “me hace pensar una cosa: gente, dirigentes, emprendedores que se dicen cristianos, ¡y fabrican armas!”, denunció con fuerza. “‘No, no Padre, yo no fabrico…. solamente tengo mis ahorros, mis inversiones en las fábricas de armas’. Ah, ¿y por qué? ‘Porque los intereses son ahí más altos’”.

Es “la doble cara de una moneda: decir una cosa y hacer otra. La hipocresía”. Es lo que sucedió por ejemplo en Armenia en 1914 y 1915, donde “hubo muchos muertos”, seguramente “más de un millón”. “¿Dónde estaban las grandes potencias de entonces? Miraban hacia otro lado” porque “estaban interesados en la guerra: ¡su guerra!”.

Francisco puso también de ejemplo el holocausto en el que murieron más de seis millones de personas en los campos de concentración nazis.

“Las grandes potencias tenías fotografías de las líneas ferroviarias que llevaban los trenes a los campos de concentración, como Auschwitz, para asesinar a los judíos, también a los cristianos, a los rumanos, a los homosexuales”. Pero, “¿Por qué no los bombardearon? ¡Por los intereses!”.

Después llegó Rusia y “las grandes potencias se dividieron Europa como una torta”. Aquí también se puede observar “la hipocresía de hablar de paz y fabricar armas, ¡y persiguen vender las armas a este que está en guerra con aquél, y aquél que está en guerra con este!”.

Después denunció la “cultura del descarte”, en la que “aquello que no es de utilidad se descarta”. “Se descartan los niños porque no se tienen, o porque se les mata antes de que nazcan; se descarta a los ancianos porque no sirven y se les deja ahí, morir, en una especie de eutanasia escondida, y no se les ayuda a vivir”. Y, además, “ahora se descarta a los jóvenes: piensen que el 40% de los jóvenes aquí no tiene trabajo”.

Francisco explicó que esto sucede porque “en el sistema económico mundial no están el hombre y la mujer en el centro, como quiere Dios, sino el dios dinero. Y todo se hace por dinero”.

En este sentido afirmó que “un joven que no puede estudiar, que no tiene trabajo, que tiene vergüenza de no sentirse digno porque no tiene trabajo, no se gana la vida”.

El Papa aseguró que “las estadísticas de los jóvenes que se suicidan no se saben bien” y recordó que también muchos de ellos “van a luchar con terroristas, para hacer al menos algo, por un ideal”

Ir contracorriente, evitar el consumismo

En respuesta a la última pregunta, el Santo Padre aseguró que “debemos avanzar con nuestros proyectos de construcción, de ayuda. Pensemos en los niños de la calle, en los inmigrantes, en tantos que tienen necesidad, pero no solamente de comer un día, dos días, sino de promoverlos con la educación, con la unidad en la alegría de los Oratorios y tantas otras cosas, pero cosas que construyan”.

“¿Cómo se hace esto?”, volvió a interrogarse. “Vayan contracorriente”, respondió. “Para ustedes jóvenes que viven esta situación económica, también cultural, hedonista, consumista con los valores de ‘pompas de jabón’, con estos valores no se puede avanzar”.

Hagan cosas constructivas, aunque sean pequeñas, pero que reúnan, que unan entre nosotros, con nuestros ideales: este es el mejor antídoto contra este desafío de la vida, contra esta cultura que te ofrece solamente el placer: pasarlo bien, tener dinero y no pensar en otras cosas”.

Al mismo tiempo, pidió a los jóvenes ser “creativos y valientes” y les explicó que muchas veces, la publicidad quiere convencernos de que “es precioso, que es bueno, y nos hace creer que son ‘diamantes’, pero miren, ¡nos venden cristales! Y nosotros debemos ir contra esto, no ser ingenuos. No comprar porquerías que nos dicen que son diamantes”.

Así, les invitó a “vivir la realidad”, y “si esa realidad es cristal y no diamante, busco la realidad contracorriente y hago mi realidad, pero que esté al servicio de los otros”.

El último consejo del Papa Francisco fue que todo esto lo vivan “saliendo a los otros, porque “si se quedan quietos no harán nada en la vida y robaran la suya propia”.

“Aquí hay muchos universitarios, pero cuidado con creer que la universidad es sólo estudiar con la cabeza: ser universitario significa también salir, salir en servicio, con los pobres sobre todo”, dijo al final.

Aprendan a llorar, amen a quienes sufren

El Papa Francisco decidió dejar de lado el discurso que tenía preparado para el encuentro con los jóvenes en la Universidad de Manila, Filipinas, este 18 de enero, e instó a los presentes a no ser machistas, aprender a llorar y evitar la psicología del computador.

Como ya hizo en la misa que presidió en Tacloban, el Papa Francisco improvisó un discurso para que los jóvenes aprendan a llorar, a conmoverse con el sufrimiento ajeno. El Pontífice se inspiró del testimonio de Glyzelle Palomar, de 12 años, que con lágrimas en los ojos le preguntó : ¿Por qué deja Dios que pasen esas cosas, incluso si no es culpa de los niños?

Antes de entrar en materia, el Papa recordó la triste noticia de Kristel, de 27 años, voluntaria de la asociación Catholic Relief Service, quien murió este jueves antes de empezar la misa aplastada por una torre que cayó al suelo debido al mal tiempo. El Pontífice pidió un minuto de silencio e invocó a la “Madre del cielo”.

Asimismo, dio las gracias a los jóvenes que le dirigieron las palabras de bienvenida -Jun Chura, Leandro Santos II y Rikki Macolor- y la pequeña representación de las mujeres (Glyzelle Palomar).

Más presencia de las mujeres

Sobre esa representación de las mujeres, el Papa dijo: “Demasiado poco. Las mujeres tienen mucho que decirnos en la sociedad de hoy. A veces somos demasiado machistas y no dejamos lugar a la mujer, pero la mujer es capaz de ver las cosas con ojos distintos a los de los hombres”.

“La mujer es capaz de hacer preguntas que los hombres no terminamos de entender. Presten ustedes atención: ella (Gyzelle), hoy ha hecho la única pregunta que no tiene respuesta y no le alcanzaron las palabras, necesitó decirlas con lágrimas -constató-. Así que cuando venga el próximo Papa a Manila, que haya más mujeres”.

Con respecto al testimonio de Jun, el Papa hizo una gran pregunta para todos: “¿Por qué sufren los niños?”. Recién cuando el corazón alcanza a hacerse la pregunta y a llorar, podemos entender algo”.

“Sean valientes, no tengan miedo a llorar”

“Existe una compasión mundana – continuó- que no nos sirve para nada. Vos hablaste algo de eso. Una compasión que a lo más nos lleva a meter la mano al bolsillo y dar una moneda. Si Cristo hubiera tenido esa compasión, hubiera pasado, curado a tres o cuatro y se hubiera vuelto al Padre. Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas”.

El Pap ainvitó a los jóvenes a aprender del dolor. “Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados; pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades, no sabemos llorar. Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas”.

Francisco invitó aprender a llorar y descifrar el dolor de los que sufren, “o mi llanto es ese llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más”.

“Jesús en el Evangelio lloró, lloró por el amigo muerto […]Si vos no aprendés a llorar, no sos un buen cristiano. Y esto es un desafío”, añadió. Esa lección, aludió, la dejó el testimonio de Jun Chura (14 años, ex niño de la calle) y su compañera y se preguntó: “¿por qué sufren los niños?”.

No a jóvenes museo acumuladores de información

El Papa Francisco se refirió a la acumulación información después de la pregunta de Leandro  Santos II.. “Tenemos mucha información, pero quizá no sabemos qué hacer con ella. Corremos el riesgo de convertirnos en jóvenes-museo, que tienen de todo, pero no saben qué hacer. No necesitamos jóvenes-museo, sino jóvenes sabios. Me pueden preguntar “padre, ¿cómo se llega a ser sabio?”, y este es otro desafío, el desafío del amor”

Tengan el coraje de jugarse el futuro con Jesús

VATICANO, (ACI/EWTN Noticias).- En el marco de su visita a la región italiana de Molise, el Papa Francisco se reunió con miles de jóvenes locales, a los cuales alentó a no contentarse con metas pequeñas y por el contrario “aspiren a la felicidad, tengan la valentía, el coraje de salir de sí mismos, de jugarse en plenitud su futuro junto con Jesús”.

 Jesús, les indicó el Santo Padre a los jóvenes, “no quita autonomía o libertad; al contrario, robusteciendo nuestra fragilidad, nos permite ser verdaderamente libres, libres para hacer el bien, fuertes para continuar haciéndolo, capaces de perdonar y capaces de pedir perdón”.

A continuación, el texto completo del discurso del Papa Francisco a los jóvenes de Molise, gracias a la traducción de Radio Vaticano:

Queridos jóvenes, ¡buenas tardes!

Le doy las gracias por su presencia numerosa y alegre. Agradezco a Mons. Pietro Santoro por su servicio a la pastoral juvenil; y gracias a ti, Sara – ¿dónde has ido? – que te has hecho portavoz de las esperanzas y preocupaciones de los jóvenes de Los Abruzos y Molise. El Molise es una región de Italia, ¿eh?

El entusiasmo y el clima de fiesta que ustedes saben crear son contagiosos. El entusiasmo es contagioso: pero ustedes saben ¿de dónde viene esta palabra, entusiasmo? Viene del griego y quiere decir tener algo de Dios dentro o ser dentro de Dios.

El entusiasmo, cuando es sano, indica esto: que uno tiene dentro de sí algo de Dios y lo expresa alegremente. Están abiertos – con este entusiasmo – a la esperanza y deseosos de plenitud, deseosos de dar significado a su futuro, a su vida entera, de entrever el camino adecuado para cada uno de ustedes y elegir el camino que les traiga serenidad y realización humana.

Pero, el camino adecuado, elegir el camino … ¿Qué cosa significa esto? No estar firme – un joven no puede estar firme – y caminar. Esto indica ir hacia algo, porque uno puede moverse sin ser un caminante: ser errante, que da vueltas, que da vueltas por la vida, y la vida no está hecha para dar vueltas. Está hecha para caminar, y esto es vuestro ¡desafío!

Por un lado, están en busca de lo que realmente cuenta, de lo que permanece estable en el tiempo y es definitivo, están en búsqueda de respuestas que iluminen sus mentes y calienten su corazón no sólo por el espacio de una mañana o un corto tramo de camino, sino para siempre.

La luz al corazón para siempre, la luz a la mente para siempre, el corazón caliente para siempre, definitivo. Por otro lado, sienten un fuerte miedo al fracaso: es verdad, quien camina puede fracasar. El miedo a involucrarse demasiado en las cosas, lo han sentido tantas veces la tentación de dejar siempre abierta una pequeña vía de escape, que por si acaso pueda siempre abrir nuevos escenarios y posibilidades.

Yo voy en esta dirección, elijo esta dirección, pero dejo abierto esta puerta: si no me gusta, regreso y me voy. Esta precariedad no hace bien: no hace bien, porque te oscurece la mente y te enfría el corazón.

La sociedad contemporánea y sus modelos culturales predominantes – por ejemplo, la “cultura de lo provisorio” – no ofrecen un clima propicio para la formación de elecciones de vida estables con relaciones sólidas, construidas sobre una roca de amor y de responsabilidad en lugar de la arena de la emoción del momento.

La aspiración a la autonomía individual es empujada al punto de poner siempre todo en discusión y de romper con relativa facilidad elecciones importantes y ampliamente ponderadas, recorridos de vida emprendidos libremente con compromiso y dedicación.

Esto alimenta superficialidad en la asunción de responsabilidades, porque en lo profundo del alma ellas arriesgan con ser consideradas como algo de lo que uno se puede liberar. Hoy escojo esto, mañana escojo aquello, así como va el viento, así voy yo; o cuando termina mi entusiasmo, mis ganas, inicio otro camino … y así se hace esto de dar vueltas por la vida, propio como un laberinto, ¿eh? Y el camino no es un laberinto.

Cuando ustedes se encuentren dando vueltas en un laberinto, que tomo de aquí, tomo de allá, tomo de más allá, deténganse. Busquen el hilo para encontrar el laberinto. Busquen el hilo: no se puede desperdiciar la vida dando vueltas.

Aun así, queridos jóvenes, el corazón del ser humano aspira a grandes cosas, a valores importantes, a amistades profundas, a lazos que en las pruebas de la vida se fortalecen en lugar de romperse.

El ser humano aspira a amar y ser amado: esta es la aspiración más profunda, nuestra: Amar y ser amado. Esta es la aspiración más profunda. Es esto, en modo definitivo. La cultura de lo provisorio no aumenta nuestra libertad, sino que nos priva de nuestro verdadero destino, de las metas más verdaderas y auténticas. Es una vida en pedazos.

Es triste llegar a una cierta edad, mirar el camino que hemos recorrido y descubrir que ha sido hecho en diferentes pedazos, sin unidad, sin algo definitivo: todo provisorio … ¡No se dejen robar el deseo de construir en su vida cosas sólidas y grandes! Es esto, aquello que te lleva adelante. ¡No se den por contentos con metas pequeñas! Aspiren a la felicidad, tengan la valentía, el coraje de salir de sí mismos, de jugarse en plenitud su futuro junto con Jesús.

Solos no podremos. Frente a la presión de los eventos y de las modas, solos jamás lograremos encontrar el camino justo, y si lo encontramos, no tendremos la fuerza suficiente para perseverar, para afrontar las subidas y los obstáculos imprevistos.

Y aquí entra a tallar la invitación del Señor Jesús: “Si quieres… sígueme”. Nos invita para acompañarnos en el camino, no para explotarnos, no para hacernos esclavos: para hacernos libres. En esta libertad nos invita para acompañarnos en el camino. Es así.

Solamente juntos con Jesús, rezándole y siguiéndolo encontramos claridad de visión y fuerza para ir adelante. Él nos ama definitivamente, nos ha elegido definitivamente, se ha donado definitivamente a cada uno de nosotros. Es nuestro defensor y hermano mayor y será nuestro único juez.

¡Qué bello es poder enfrentar las vicisitudes que se suceden en la existencia en compañía de Jesús, tener con nosotros su Persona y su mensaje! Él no quita autonomía o libertad; al contrario, robusteciendo nuestra fragilidad, nos permite ser verdaderamente libres, libres para hacer el bien, fuertes para continuar haciéndolo, capaces de perdonar y capaces de pedir perdón.

Pero, este es Jesús que nos acompaña. ¡Y así es el Señor! Una palabra que a mi me gusta repetir, porque nos olvidamos tanto: Dios no se cansa de perdonar. Pero esto es verdad, ¿eh? ¡Esto es verdad! Es tan grande su amor, que está siempre cerca de nosotros. Somos nosotros que nos cansamos de pedir perdón, pero Èl perdona siempre, todas las veces que le pedimos.

Él perdona definitivamente, cancela y olvida nuestro pecado si nos dirigimos a Él con humildad y confianza. Él nos ayuda a no desalentarnos en las dificultades, a no considerarlas insuperables; y entonces, confiándose en Él, echarán nuevamente las redes para una pesca sorprendente y abundante, tendrán coraje y esperanza también en el enfrentar las dificultades que derivan de los efectos de la crisis económica.

El coraje y la esperanza son dotes de todos pero en particular caracterizan a los jóvenes: coraje y esperanza. El futuro ciertamente está en las manos de Dios. Él es providente, nos asegura que son las manos de un Padre providente. Esto no significa negar las dificultades y los problemas, sino verlos, éstos si, como provisorios y superables.

Las dificultades, las crisis, con la ayuda de Dios y la buena voluntad de todos pueden ser superadas, vencidas, transformadas. No quiero terminar sin decir una palabra sobre un problema que les afecta, un problema que ustedes viven en la actualidad: la desocupación. Es triste encontrar jóvenes “no – no”; ¿qué cosa significa este “no – no”? No estudiamos, porque no podemos, no tenemos la posibilidad, no trabajamos. Y este es el desafío que comunitariamente todos nosotros debemos vencer.

¡Debemos salir adelante para vencer este desafío! No podemos quedarnos resignados a perder toda una generación de jóvenes que no tienen la fuerte dignidad del trabajo. El trabajo nos da dignidad, y todos nosotros debemos hacer de todo para que no se pierda una generación de jóvenes. Hay que poner adelante nuestra creatividad, para que los jóvenes sientan la alegría de la dignidad que viene del trabajo.

Una generación sin trabajo es una derrota futura para la patria y para la humanidad. Debemos luchar contra esto. Y ayudarnos los unos a los otros, a encontrar un camino de solución, de ayuda, de solidaridad. Los jóvenes son valientes, lo he dicho, los jóvenes tienen esperanza y – tercero – los jóvenes tienen la capacidad de ser solidarios. Y esta palabra solidaridad es una palabra que no le gusta escuchar al mundo de hoy.

Algunos piensan que es una grosería: no, no es una grosería. Es una palabra cristiana: ir adelante con el hermano para ayudar a superar los problemas. Valientes, con esperanza y con solidaridad.

Estamos reunidos ante al Santuario de la Virgen Dolorosa, levantado en el lugar donde dos jóvenes de esta tierra, Fabiana y Serafina, en 1888 tuvieron una visión de la Madre de Dios mientras trabajaban en el campo.

María es madre, nos socorre siempre: cuando trabajamos y cuando estamos en busca de trabajo, cuando tenemos las ideas claras y cuando estamos confundidos, cuando la oración brota espontánea y cuando el corazón es árido: ella está siempre ahí para ayudarnos.

María es la Madre de Dios, madre nuestra y madre de la Iglesia. Tantos hombres y mujeres, jóvenes y ancianos se han dirigido a Ella para decirle gracias y suplicar una gracia. María nos lleva a Jesús, Jesús nos da la paz. Recurramos a Ella confiados en su ayuda, con coraje y esperanza.

El Señor bendiga a cada uno de ustedes, en vuestro camino, en vuestro camino de valentía, de esperanza y solidaridad. Gracias.

Ahora recemos a la Virgen, todos juntos. Dios te salve María …

Por favor, les pido de rezar por mí: por favor, ¡háganlo! Y no se olviden: ¡caminar en la vida, jamás dar vueltas en la vida!

1 2 3