17 sueños alcanzables

En pasado viernes 25 de septiembre a las 11.48 en Nueva York se oía un aplauso largo. Las Naciones Unidas con todos sus estados miembros acababa de aprobar por unanimidad la resolución titulada Transformar nuestro mundo: la agenda 2030 para un mundo sostenible.

Para permitirnos avanzar como humanidad nos hemos puesto 17 objetivos, 17 sueños nacidos del anhelo de hacer de este nuestro mundo un lugar sostenible, menos desigual y para acabar con la pobreza en todos sus sentidos. El Papa tuvo una intervención histórica ante una cumbre y un mundo falto de liderazgos proféticos “La exclusión económica y social es una absoluta negación de la fraternidad entre los hombres y una gran ofensa contra los derechos humanos y el medio ambiente” dijo ante 193 líderes mundiales y ante el mundo entero.

La Agenda de Desarrollo Sostenible hasta 2030 con sus 17 objetivos es para todos los países y para todas las personas, ya no se entiende un mundo dividido norte-sur, los polos de poder han cambiado, el norte y el sur están en ambos lados del hemisferio.

Los cristianos creemos en un Dios encarnado, que actúa en la historia, por lo que nos debería ser difícil separar la fe de la política entendiéndola desde la actividad en lo público, en lo que es de todos y todas. Estos 17 sueños, utopías, retos u objetivos son nuestros en cuanto son una llamada al cuidado de esta nuestra casa común y de todo la humanidad.

Somos nosotros en nuestros actos del día a día en un mundo global e interconectado, y son a nuestros gobiernos y a las empresas a las que tenemos que exigir como ciudadanía que aunque es tarde para muchos de nuestros hermanos, es la hora.

Shakira puso la nota musical a ese 25 de septiembre, día histórico para la humanidad, versionó el Imagine de Lennon. En un tweet alguien lanzó ¿Es posible o un mundo mejor solo está en la imaginación? La historia y las siguientes generaciones nos dirán.

FUENTE: www.pastoralsj.org17

Discurso que el Papa Francisco no leyó en el encuentro con los jóvenes de Cuba

LA HABANA, 20 Sep. 15 / 06:32 pm (ACI).- Como hizo en la Catedral de La Habana con los sacerdotes y religiosas, el Papa Francisco también decidió improvisar el discurso para el encuentro que sostuvo con los jóvenes de Cuba en el Centro Félix Varela. A continuación las palabras que el Santo Padre había preparado originalmente…

Queridos amigos:
Siento una gran alegría de poder estar con ustedes precisamente aquí en este Centro cultural, tan significativo para la historia de Cuba. Doy gracias a Dios por haberme concedido la oportunidad de tener este encuentro con tantos jóvenes que, con su trabajo, estudio y preparación, están soñando y también haciendo ya realidad el mañana de Cuba.

Agradezco a Leonardo sus palabras de saludo, y especialmente porque, pudiendo haber hablado de muchas otras cosas, ciertamente importantes y concretas, como las dificultades, los miedos, las dudas –tan reales y humanas–, nos ha hablado de esperanza, de esos sueños e ilusiones que anidan con fuerza en el corazón de los jóvenes cubanos, más allá de sus diferencias de formación, de cultura, de creencias o de ideas. Gracias, Leonardo, porque yo también, cuando los miro a ustedes, la primera cosa que me viene a la mente y al corazón es la palabra esperanza. No puedo concebir a un joven que no se mueva, que esté paralizado, que no tenga sueños ni ideales, que no aspire a algo más.

Pero, ¿cuál es la esperanza de un joven cubano en esta época de la historia? Ni más ni menos que la de cualquier otro joven de cualquier parte del mundo. Porque la esperanza nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor. Sin embargo, eso comporta un riesgo. Requiere estar dispuestos a no dejarse seducir por lo pasajero y caduco, por falsas promesas de felicidad vacía, de placer inmediato y egoísta, de una vida mediocre, centrada en uno mismo, y que sólo deja tras de sí tristeza y amargura en el corazón. No, la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Yo le preguntaría a cada uno de ustedes: ¿Qué es lo que mueve tu vida? ¿Qué hay en tu corazón, dónde están tus aspiraciones? ¿Estás dispuesto a arriesgarte siempre por algo más grande?

Tal vez me pueden decir: «Sí, Padre, la atracción de esos ideales es grande. Yo siento su llamado, su belleza, el brillo de su luz en mi alma. Pero, al mismo tiempo, la realidad de mi debilidad y de mis pocas fuerzas es muy fuerte para decidirme a recorrer el camino de la esperanza. La meta es muy alta y mis fuerzas son pocas. Mejor conformarse con poco, con cosas tal vez menos grandes pero más realistas, más al alcance de mis posibilidades». Yo comprendo esta reacción, es normal sentir el peso de lo arduo y difícil, sin embargo, cuidado con caer en la tentación de la desilusión, que paraliza la inteligencia y la voluntad, ni dejarnos llevar por la resignación, que es un pesimismo radical frente a toda posibilidad de alcanzar lo soñado. Estas actitudes al final acaban o en una huida de la realidad hacia paraísos artificiales o en un encerrarse en el egoísmo personal, en una especie de cinismo, que no quiere escuchar el grito de justicia, de verdad y de humanidad que se alza a nuestro alrededor y en nuestro interior.

Pero, ¿qué hacer? ¿Cómo hallar caminos de esperanza en la situación en que vivimos? ¿Cómo hacer para que esos sueños de plenitud, de vida auténtica, de justicia y verdad, sean una realidad en nuestra vida personal, en nuestro país y en el mundo? Pienso que hay tres ideas que pueden ser útiles para mantener viva la esperanza.

La esperanza, un camino hecho de memoria y discernimiento. La esperanza es la virtud del que está en camino y se dirige a alguna parte. No es, por tanto, un simple caminar por el gusto de caminar, sino que tiene un fin, una meta, que es la que da sentido e ilumina el sendero. Al mismo tiempo, la esperanza se alimenta de la memoria, abarca con su mirada no sólo el futuro sino el pasado y el presente. Para caminar en la vida, además de saber a dónde queremos ir es importante saber también quiénes somos y de dónde venimos. Una persona o un pueblo que no tiene memoria y borra su pasado corre el riesgo de perder su identidad y arruinar su futuro. Se necesita por tanto la memoria de lo que somos, de lo que forma nuestro patrimonio espiritual y moral. Creo que esa es la experiencia y la enseñanza de ese gran cubano que fue el Padre Félix Varela. Y se necesita también el discernimiento, porque es esencial abrirse a la realidad y saber leerla sin miedos ni prejuicios. No sirven las lecturas parciales o ideológicas, que deforman la realidad para que entre en nuestros pequeños esquemas preconcebidos, provocando siempre desilusión y desesperanza. Discernimiento y memoria, porque el discernimiento no es ciego, sino que se realiza sobre la base de sólidos criterios éticos, morales, que ayudan a discernir lo que es bueno y justo.

La esperanza, un camino acompañado. Dice un proverbio africano: «Si quieres ir deprisa, ve solo; si quieres ir lejos, ve acompañado». El aislamiento o la clausura en uno mismo nunca generan esperanza, en cambio, la cercanía y el encuentro con el otro, sí. Solos no llegamos a ninguna parte. Tampoco con la exclusión se construye un futuro para nadie, ni siquiera para uno mismo. Un camino de esperanza requiere una cultura del encuentro, del diálogo, que supere los contrastes y el enfrentamiento estéril. Para ello, es fundamental considerar las diferencias en el modo de pensar no como un riesgo, sino como una riqueza y un factor de crecimiento. El mundo necesita esta cultura del encuentro, necesita de jóvenes que quieran conocerse, que quieran amarse, que quieran caminar juntos y construir un país como lo soñaba José Martí: «Con todos y para el bien de todos».

La esperanza, un camino solidario. La cultura del encuentro debe conducir naturalmente a una cultura de la solidaridad. Aprecio mucho lo que ha dicho Leonardo al comienzo cuando ha hablado de la solidaridad como fuerza que ayuda a superar cualquier obstáculo. Efectivamente, si no hay solidaridad no hay futuro para ningún país. Por encima de cualquier otra consideración o interés, tiene que estar la preocupación concreta y real por el ser humano, que puede ser mi amigo, mi compañero, o también alguien que piensa distinto, que tiene sus ideas, pero que es tan ser humano y tan cubano como yo mismo.

No basta la simple tolerancia, hay que ir más allá y pasar de una actitud recelosa y defensiva a otra de acogida, de colaboración, de servicio concreto y ayuda eficaz. No tengan miedo a la solidaridad, al servicio, al dar la mano al otro para que nadie se quede fuera del camino.

Este camino de la vida está iluminado por una esperanza más alta: la que nos viene de la fe en Cristo. Él se ha hecho nuestro compañero de viaje, y no sólo nos alienta sino que nos acompaña, está a nuestro lado y nos tiende su mano de amigo. Él, el Hijo de Dios, ha querido hacerse uno como nosotros, para recorrer también nuestro camino. La fe en su presencia, su amor y su amistad, encienden e iluminan todas nuestras esperanzas e ilusiones. Con Él, aprendemos a discernir la realidad, a vivir el encuentro, a servir a los demás y a caminar en la solidaridad.

Queridos jóvenes cubanos, si Dios mismo ha entrado en nuestra historia y se ha hecho hombre en Jesús, si ha cargado en sus hombros con nuestra debilidad y pecado, no tengan miedo a la esperanza, no tengan miedo al futuro, porque Dios apuesta por ustedes, cree en ustedes, espera en ustedes.

Queridos amigos, gracias por este encuentro. Que la esperanza en Cristo su amigo les guíe siempre en su vida. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Que el Señor los bendiga.

Fuente: ACIPRENSApapa_francisco_jovenes_cuba

Viven jóvenes experiencia del Pre-Seminario

Monterrey N.L. (‪#‎PastoralSigloXXI‬).- El pre-Seminario que organiza el Seminario de Monterrey va dirigido a aquellos muchachos con inquietud sacerdotal que por medio del Centro Vocacional han pedido su ingreso al Seminario. Es la actividad propia con la que se busca ayudar a los nuevos seminaristas a tener la transición de su vida ‘ordinaria’ al nuevo estilo de vida propia del Seminario viviendo cuatro días en comunidad con la ayuda de la propia vivencia, charlas, reflexiones y principalmente la oración.

El pre-Seminario 2015 está cerca y el Arzobispo de Monterrey durante la rueda de prensa dominical invitó a la comunidad orar por los jóvenes que han descubierto la inquietud en su corazón del llamado de Dios.

“El próximo jueves 2 de julio iniciara el pre-seminario, en donde 50 jóvenes candidatos a entrar al Seminario en el mes de agosto tendrán la oportunidad de reflexionar sobre su vocación y tomar la decisión final. Las actividades concluirán el domingo 5 de julio por lo que pido a la comunidad los incluya en sus oraciones para que tengan el gusto y la alegría de ingresar al Seminario”, invitó el Arzobispo.

Por. Juan Pablo Vázquez Rodríguez

 

preseminario

Lecciones del Papa Francisco para los jóvenes sobre la vida y el amor en castidad

Uno de los encuentros más emblemáticos de la visita del Papa Francisco a la ciudad italiana de Turín el domingo fue el que mantuvo en la tarde con los jóvenes, a los que, en respuesta a tres preguntas sobre el amor, la vida y los amigos, les pidió ir a contracorriente y vivir la castidad.

También denunció la hipocresía de aquellos que piden la paz pero al mismo tiempo fabrican armas y les pidió ser creativos y valientes.

Amor y castidad

El Papa explicó que esas palabras tienen en común el querer “vivir”. Aseguró que “es feo ver a un joven ‘parado’, que vive, pero vive como un vegetal: hace las cosas, pero la vida no es una vida que se mueve, está detenida”. Por eso reconoció que “me dan mucha tristeza en el corazón los jóvenes se jubilen con 20 años”, lo que significa que “han envejecido pronto”.

“Lo que hace que un joven ‘no se jubile’ es querer amar, el ansia de dar aquello que tiene de precioso el hombre, y que tiene más precioso Dios, porque la definición que Juan da de Dios es ‘Dios es amor’” y por tanto “cuando el joven ama, vive, crece, no va en pensión”.

Francisco, con su habitual simpatía, explicó que el amor no es “la telenovela” sino que “está más en las obras que en las palabras: el amor concreto”. El amor, además “se da”, como Dios cuando eligió a su pueblo, recordó.

Pero también “el amor se comunica siempre, es decir, el amor escucha y responde, el amor se hace en el diálogo, en la comunión: se comunica” y no es un sentimiento romántico del momento o una historia, no, es concreto, está en las obras”.

En este punto, el Santo Padre aseguró que, como le estaban permitiendo hablar con sinceridad, “también el Papa algunas veces debe arriesgar sobre las cosas para decir la verdad”. Y dijo: “El amor está en las obras, en el comunicar, pero el amor es muy respetuoso con las personas, no una a las personas, es decir, el amor es casto”.

“Y a vosotros jóvenes en este mundo, en este mundo hedonista, en este mundo donde solamente tiene publicidad el placer, pasarlo bien, vivir la vida, yo les digo: sean castos, sean castos”.

“Todos nosotros en la vida hemos pasado por momentos en los que esta virtud ha sido muy difícil, pero es la vida de un amor genuino, de un amor que sabe dar la vida, que no busca usar al otro para el propio placer”.

También es un amor “que considera sagrada la vida de la otra persona: te respeto, no quiero usarte, no quiero usarte”. Esto “no es fácil” y “todos sabemos las dificultades para superar esta concepción ‘facilista’ y hedonista del amor”. Por eso, de nuevo Francisco les pidió: “hagan el esfuerzo de vivir el amor castamente”.

El Pontífice puso de ejemplo el amor de los padres, un amor en el “servicio” porque sirve a los otros”.

Vida, guerra y cultura del descarte

El segundo tema que abordó Francisco fue el de la “vida” y reconoció que muchas veces hay que preguntarse para qué vivir. “Pensemos, en este mundo, en las guerras. Algunas veces he dicho que estamos viviendo la Tercera Guerra Mundial, pero por partes. En Europa hay guerra, en África hay guerra, en Oriente Medio hay guerra, en otros países hay guerra… ¿Puedo tener confianza en una vida así?, ¿pudo fiarme de los dirigentes mundiales?”, se preguntó ante los miles de jóvenes que le escuchaban.

“Cuando voy a dar el voto a un candidato, ¿me puedo fiar de que no llevará a mi país a la guerra? Si tú te fías solo de los hombres, ¡has perdido!”, dijo a continuación.

Esto “me hace pensar una cosa: gente, dirigentes, emprendedores que se dicen cristianos, ¡y fabrican armas!”, denunció con fuerza. “‘No, no Padre, yo no fabrico…. solamente tengo mis ahorros, mis inversiones en las fábricas de armas’. Ah, ¿y por qué? ‘Porque los intereses son ahí más altos’”.

Es “la doble cara de una moneda: decir una cosa y hacer otra. La hipocresía”. Es lo que sucedió por ejemplo en Armenia en 1914 y 1915, donde “hubo muchos muertos”, seguramente “más de un millón”. “¿Dónde estaban las grandes potencias de entonces? Miraban hacia otro lado” porque “estaban interesados en la guerra: ¡su guerra!”.

Francisco puso también de ejemplo el holocausto en el que murieron más de seis millones de personas en los campos de concentración nazis.

“Las grandes potencias tenías fotografías de las líneas ferroviarias que llevaban los trenes a los campos de concentración, como Auschwitz, para asesinar a los judíos, también a los cristianos, a los rumanos, a los homosexuales”. Pero, “¿Por qué no los bombardearon? ¡Por los intereses!”.

Después llegó Rusia y “las grandes potencias se dividieron Europa como una torta”. Aquí también se puede observar “la hipocresía de hablar de paz y fabricar armas, ¡y persiguen vender las armas a este que está en guerra con aquél, y aquél que está en guerra con este!”.

Después denunció la “cultura del descarte”, en la que “aquello que no es de utilidad se descarta”. “Se descartan los niños porque no se tienen, o porque se les mata antes de que nazcan; se descarta a los ancianos porque no sirven y se les deja ahí, morir, en una especie de eutanasia escondida, y no se les ayuda a vivir”. Y, además, “ahora se descarta a los jóvenes: piensen que el 40% de los jóvenes aquí no tiene trabajo”.

Francisco explicó que esto sucede porque “en el sistema económico mundial no están el hombre y la mujer en el centro, como quiere Dios, sino el dios dinero. Y todo se hace por dinero”.

En este sentido afirmó que “un joven que no puede estudiar, que no tiene trabajo, que tiene vergüenza de no sentirse digno porque no tiene trabajo, no se gana la vida”.

El Papa aseguró que “las estadísticas de los jóvenes que se suicidan no se saben bien” y recordó que también muchos de ellos “van a luchar con terroristas, para hacer al menos algo, por un ideal”

Ir contracorriente, evitar el consumismo

En respuesta a la última pregunta, el Santo Padre aseguró que “debemos avanzar con nuestros proyectos de construcción, de ayuda. Pensemos en los niños de la calle, en los inmigrantes, en tantos que tienen necesidad, pero no solamente de comer un día, dos días, sino de promoverlos con la educación, con la unidad en la alegría de los Oratorios y tantas otras cosas, pero cosas que construyan”.

“¿Cómo se hace esto?”, volvió a interrogarse. “Vayan contracorriente”, respondió. “Para ustedes jóvenes que viven esta situación económica, también cultural, hedonista, consumista con los valores de ‘pompas de jabón’, con estos valores no se puede avanzar”.

Hagan cosas constructivas, aunque sean pequeñas, pero que reúnan, que unan entre nosotros, con nuestros ideales: este es el mejor antídoto contra este desafío de la vida, contra esta cultura que te ofrece solamente el placer: pasarlo bien, tener dinero y no pensar en otras cosas”.

Al mismo tiempo, pidió a los jóvenes ser “creativos y valientes” y les explicó que muchas veces, la publicidad quiere convencernos de que “es precioso, que es bueno, y nos hace creer que son ‘diamantes’, pero miren, ¡nos venden cristales! Y nosotros debemos ir contra esto, no ser ingenuos. No comprar porquerías que nos dicen que son diamantes”.

Así, les invitó a “vivir la realidad”, y “si esa realidad es cristal y no diamante, busco la realidad contracorriente y hago mi realidad, pero que esté al servicio de los otros”.

El último consejo del Papa Francisco fue que todo esto lo vivan “saliendo a los otros, porque “si se quedan quietos no harán nada en la vida y robaran la suya propia”.

“Aquí hay muchos universitarios, pero cuidado con creer que la universidad es sólo estudiar con la cabeza: ser universitario significa también salir, salir en servicio, con los pobres sobre todo”, dijo al final.

Aprendan a llorar, amen a quienes sufren

El Papa Francisco decidió dejar de lado el discurso que tenía preparado para el encuentro con los jóvenes en la Universidad de Manila, Filipinas, este 18 de enero, e instó a los presentes a no ser machistas, aprender a llorar y evitar la psicología del computador.

Como ya hizo en la misa que presidió en Tacloban, el Papa Francisco improvisó un discurso para que los jóvenes aprendan a llorar, a conmoverse con el sufrimiento ajeno. El Pontífice se inspiró del testimonio de Glyzelle Palomar, de 12 años, que con lágrimas en los ojos le preguntó : ¿Por qué deja Dios que pasen esas cosas, incluso si no es culpa de los niños?

Antes de entrar en materia, el Papa recordó la triste noticia de Kristel, de 27 años, voluntaria de la asociación Catholic Relief Service, quien murió este jueves antes de empezar la misa aplastada por una torre que cayó al suelo debido al mal tiempo. El Pontífice pidió un minuto de silencio e invocó a la “Madre del cielo”.

Asimismo, dio las gracias a los jóvenes que le dirigieron las palabras de bienvenida -Jun Chura, Leandro Santos II y Rikki Macolor- y la pequeña representación de las mujeres (Glyzelle Palomar).

Más presencia de las mujeres

Sobre esa representación de las mujeres, el Papa dijo: “Demasiado poco. Las mujeres tienen mucho que decirnos en la sociedad de hoy. A veces somos demasiado machistas y no dejamos lugar a la mujer, pero la mujer es capaz de ver las cosas con ojos distintos a los de los hombres”.

“La mujer es capaz de hacer preguntas que los hombres no terminamos de entender. Presten ustedes atención: ella (Gyzelle), hoy ha hecho la única pregunta que no tiene respuesta y no le alcanzaron las palabras, necesitó decirlas con lágrimas -constató-. Así que cuando venga el próximo Papa a Manila, que haya más mujeres”.

Con respecto al testimonio de Jun, el Papa hizo una gran pregunta para todos: “¿Por qué sufren los niños?”. Recién cuando el corazón alcanza a hacerse la pregunta y a llorar, podemos entender algo”.

“Sean valientes, no tengan miedo a llorar”

“Existe una compasión mundana – continuó- que no nos sirve para nada. Vos hablaste algo de eso. Una compasión que a lo más nos lleva a meter la mano al bolsillo y dar una moneda. Si Cristo hubiera tenido esa compasión, hubiera pasado, curado a tres o cuatro y se hubiera vuelto al Padre. Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas”.

El Pap ainvitó a los jóvenes a aprender del dolor. “Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados; pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades, no sabemos llorar. Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas”.

Francisco invitó aprender a llorar y descifrar el dolor de los que sufren, “o mi llanto es ese llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más”.

“Jesús en el Evangelio lloró, lloró por el amigo muerto […]Si vos no aprendés a llorar, no sos un buen cristiano. Y esto es un desafío”, añadió. Esa lección, aludió, la dejó el testimonio de Jun Chura (14 años, ex niño de la calle) y su compañera y se preguntó: “¿por qué sufren los niños?”.

No a jóvenes museo acumuladores de información

El Papa Francisco se refirió a la acumulación información después de la pregunta de Leandro  Santos II.. “Tenemos mucha información, pero quizá no sabemos qué hacer con ella. Corremos el riesgo de convertirnos en jóvenes-museo, que tienen de todo, pero no saben qué hacer. No necesitamos jóvenes-museo, sino jóvenes sabios. Me pueden preguntar “padre, ¿cómo se llega a ser sabio?”, y este es otro desafío, el desafío del amor”

Tengan el coraje de jugarse el futuro con Jesús

VATICANO, (ACI/EWTN Noticias).- En el marco de su visita a la región italiana de Molise, el Papa Francisco se reunió con miles de jóvenes locales, a los cuales alentó a no contentarse con metas pequeñas y por el contrario “aspiren a la felicidad, tengan la valentía, el coraje de salir de sí mismos, de jugarse en plenitud su futuro junto con Jesús”.

 Jesús, les indicó el Santo Padre a los jóvenes, “no quita autonomía o libertad; al contrario, robusteciendo nuestra fragilidad, nos permite ser verdaderamente libres, libres para hacer el bien, fuertes para continuar haciéndolo, capaces de perdonar y capaces de pedir perdón”.

A continuación, el texto completo del discurso del Papa Francisco a los jóvenes de Molise, gracias a la traducción de Radio Vaticano:

Queridos jóvenes, ¡buenas tardes!

Le doy las gracias por su presencia numerosa y alegre. Agradezco a Mons. Pietro Santoro por su servicio a la pastoral juvenil; y gracias a ti, Sara – ¿dónde has ido? – que te has hecho portavoz de las esperanzas y preocupaciones de los jóvenes de Los Abruzos y Molise. El Molise es una región de Italia, ¿eh?

El entusiasmo y el clima de fiesta que ustedes saben crear son contagiosos. El entusiasmo es contagioso: pero ustedes saben ¿de dónde viene esta palabra, entusiasmo? Viene del griego y quiere decir tener algo de Dios dentro o ser dentro de Dios.

El entusiasmo, cuando es sano, indica esto: que uno tiene dentro de sí algo de Dios y lo expresa alegremente. Están abiertos – con este entusiasmo – a la esperanza y deseosos de plenitud, deseosos de dar significado a su futuro, a su vida entera, de entrever el camino adecuado para cada uno de ustedes y elegir el camino que les traiga serenidad y realización humana.

Pero, el camino adecuado, elegir el camino … ¿Qué cosa significa esto? No estar firme – un joven no puede estar firme – y caminar. Esto indica ir hacia algo, porque uno puede moverse sin ser un caminante: ser errante, que da vueltas, que da vueltas por la vida, y la vida no está hecha para dar vueltas. Está hecha para caminar, y esto es vuestro ¡desafío!

Por un lado, están en busca de lo que realmente cuenta, de lo que permanece estable en el tiempo y es definitivo, están en búsqueda de respuestas que iluminen sus mentes y calienten su corazón no sólo por el espacio de una mañana o un corto tramo de camino, sino para siempre.

La luz al corazón para siempre, la luz a la mente para siempre, el corazón caliente para siempre, definitivo. Por otro lado, sienten un fuerte miedo al fracaso: es verdad, quien camina puede fracasar. El miedo a involucrarse demasiado en las cosas, lo han sentido tantas veces la tentación de dejar siempre abierta una pequeña vía de escape, que por si acaso pueda siempre abrir nuevos escenarios y posibilidades.

Yo voy en esta dirección, elijo esta dirección, pero dejo abierto esta puerta: si no me gusta, regreso y me voy. Esta precariedad no hace bien: no hace bien, porque te oscurece la mente y te enfría el corazón.

La sociedad contemporánea y sus modelos culturales predominantes – por ejemplo, la “cultura de lo provisorio” – no ofrecen un clima propicio para la formación de elecciones de vida estables con relaciones sólidas, construidas sobre una roca de amor y de responsabilidad en lugar de la arena de la emoción del momento.

La aspiración a la autonomía individual es empujada al punto de poner siempre todo en discusión y de romper con relativa facilidad elecciones importantes y ampliamente ponderadas, recorridos de vida emprendidos libremente con compromiso y dedicación.

Esto alimenta superficialidad en la asunción de responsabilidades, porque en lo profundo del alma ellas arriesgan con ser consideradas como algo de lo que uno se puede liberar. Hoy escojo esto, mañana escojo aquello, así como va el viento, así voy yo; o cuando termina mi entusiasmo, mis ganas, inicio otro camino … y así se hace esto de dar vueltas por la vida, propio como un laberinto, ¿eh? Y el camino no es un laberinto.

Cuando ustedes se encuentren dando vueltas en un laberinto, que tomo de aquí, tomo de allá, tomo de más allá, deténganse. Busquen el hilo para encontrar el laberinto. Busquen el hilo: no se puede desperdiciar la vida dando vueltas.

Aun así, queridos jóvenes, el corazón del ser humano aspira a grandes cosas, a valores importantes, a amistades profundas, a lazos que en las pruebas de la vida se fortalecen en lugar de romperse.

El ser humano aspira a amar y ser amado: esta es la aspiración más profunda, nuestra: Amar y ser amado. Esta es la aspiración más profunda. Es esto, en modo definitivo. La cultura de lo provisorio no aumenta nuestra libertad, sino que nos priva de nuestro verdadero destino, de las metas más verdaderas y auténticas. Es una vida en pedazos.

Es triste llegar a una cierta edad, mirar el camino que hemos recorrido y descubrir que ha sido hecho en diferentes pedazos, sin unidad, sin algo definitivo: todo provisorio … ¡No se dejen robar el deseo de construir en su vida cosas sólidas y grandes! Es esto, aquello que te lleva adelante. ¡No se den por contentos con metas pequeñas! Aspiren a la felicidad, tengan la valentía, el coraje de salir de sí mismos, de jugarse en plenitud su futuro junto con Jesús.

Solos no podremos. Frente a la presión de los eventos y de las modas, solos jamás lograremos encontrar el camino justo, y si lo encontramos, no tendremos la fuerza suficiente para perseverar, para afrontar las subidas y los obstáculos imprevistos.

Y aquí entra a tallar la invitación del Señor Jesús: “Si quieres… sígueme”. Nos invita para acompañarnos en el camino, no para explotarnos, no para hacernos esclavos: para hacernos libres. En esta libertad nos invita para acompañarnos en el camino. Es así.

Solamente juntos con Jesús, rezándole y siguiéndolo encontramos claridad de visión y fuerza para ir adelante. Él nos ama definitivamente, nos ha elegido definitivamente, se ha donado definitivamente a cada uno de nosotros. Es nuestro defensor y hermano mayor y será nuestro único juez.

¡Qué bello es poder enfrentar las vicisitudes que se suceden en la existencia en compañía de Jesús, tener con nosotros su Persona y su mensaje! Él no quita autonomía o libertad; al contrario, robusteciendo nuestra fragilidad, nos permite ser verdaderamente libres, libres para hacer el bien, fuertes para continuar haciéndolo, capaces de perdonar y capaces de pedir perdón.

Pero, este es Jesús que nos acompaña. ¡Y así es el Señor! Una palabra que a mi me gusta repetir, porque nos olvidamos tanto: Dios no se cansa de perdonar. Pero esto es verdad, ¿eh? ¡Esto es verdad! Es tan grande su amor, que está siempre cerca de nosotros. Somos nosotros que nos cansamos de pedir perdón, pero Èl perdona siempre, todas las veces que le pedimos.

Él perdona definitivamente, cancela y olvida nuestro pecado si nos dirigimos a Él con humildad y confianza. Él nos ayuda a no desalentarnos en las dificultades, a no considerarlas insuperables; y entonces, confiándose en Él, echarán nuevamente las redes para una pesca sorprendente y abundante, tendrán coraje y esperanza también en el enfrentar las dificultades que derivan de los efectos de la crisis económica.

El coraje y la esperanza son dotes de todos pero en particular caracterizan a los jóvenes: coraje y esperanza. El futuro ciertamente está en las manos de Dios. Él es providente, nos asegura que son las manos de un Padre providente. Esto no significa negar las dificultades y los problemas, sino verlos, éstos si, como provisorios y superables.

Las dificultades, las crisis, con la ayuda de Dios y la buena voluntad de todos pueden ser superadas, vencidas, transformadas. No quiero terminar sin decir una palabra sobre un problema que les afecta, un problema que ustedes viven en la actualidad: la desocupación. Es triste encontrar jóvenes “no – no”; ¿qué cosa significa este “no – no”? No estudiamos, porque no podemos, no tenemos la posibilidad, no trabajamos. Y este es el desafío que comunitariamente todos nosotros debemos vencer.

¡Debemos salir adelante para vencer este desafío! No podemos quedarnos resignados a perder toda una generación de jóvenes que no tienen la fuerte dignidad del trabajo. El trabajo nos da dignidad, y todos nosotros debemos hacer de todo para que no se pierda una generación de jóvenes. Hay que poner adelante nuestra creatividad, para que los jóvenes sientan la alegría de la dignidad que viene del trabajo.

Una generación sin trabajo es una derrota futura para la patria y para la humanidad. Debemos luchar contra esto. Y ayudarnos los unos a los otros, a encontrar un camino de solución, de ayuda, de solidaridad. Los jóvenes son valientes, lo he dicho, los jóvenes tienen esperanza y – tercero – los jóvenes tienen la capacidad de ser solidarios. Y esta palabra solidaridad es una palabra que no le gusta escuchar al mundo de hoy.

Algunos piensan que es una grosería: no, no es una grosería. Es una palabra cristiana: ir adelante con el hermano para ayudar a superar los problemas. Valientes, con esperanza y con solidaridad.

Estamos reunidos ante al Santuario de la Virgen Dolorosa, levantado en el lugar donde dos jóvenes de esta tierra, Fabiana y Serafina, en 1888 tuvieron una visión de la Madre de Dios mientras trabajaban en el campo.

María es madre, nos socorre siempre: cuando trabajamos y cuando estamos en busca de trabajo, cuando tenemos las ideas claras y cuando estamos confundidos, cuando la oración brota espontánea y cuando el corazón es árido: ella está siempre ahí para ayudarnos.

María es la Madre de Dios, madre nuestra y madre de la Iglesia. Tantos hombres y mujeres, jóvenes y ancianos se han dirigido a Ella para decirle gracias y suplicar una gracia. María nos lleva a Jesús, Jesús nos da la paz. Recurramos a Ella confiados en su ayuda, con coraje y esperanza.

El Señor bendiga a cada uno de ustedes, en vuestro camino, en vuestro camino de valentía, de esperanza y solidaridad. Gracias.

Ahora recemos a la Virgen, todos juntos. Dios te salve María …

Por favor, les pido de rezar por mí: por favor, ¡háganlo! Y no se olviden: ¡caminar en la vida, jamás dar vueltas en la vida!

Los jóvenes y la Iglesia

Jóvenes sin raíces religiosas

La mayor parte de las encuestas sobre los jóvenes y la religión confirma cuanto ya sabemos. Los jóvenes son los hijos de aquellos que fueron adolescentes entre 1960 y 1970 y que en su tiempo habían hecho la elección de no transmitir siempre aquello que ellos mismos habían recibido en su educación. Por lo tanto, han dejado que sus hijos se las arreglaran por sí mismos en el ámbito moral y espiritual, sin tener otra preocupación en la educación que cuidar de su realización afectiva. Así en muchos casos han carecido de referencias espirituales, quedándose desamparados. Los querían ver felices, pero sin enseñarles las reglas de la urbanidad, de cómo se emplean las riquezas de un pueblo y de la fe cristiana, que ha sido la fuente de muchas civilizaciones. Hay que reconocerlo, el sentido de la persona humana, el sentido de la propia conciencia, el sentido de la libertad, el sentido de la fraternidad, el sentido del igualitarismo, todo esto se lo debemos al mensaje de Cristo transmitido por la Iglesia. Se han banalizado estos valores separándolos de su fuente, con el riesgo de ya no poderlos transmitir, una vez que se desconoce su origen. Por este planteamiento mental anti-educativo, los hijos no han sido bautizados ni catequizados. Necesitaban hacer tabula rasa del pasado para liberarse de la tradición, actitud que ha producido ignorantes culturales, privados de una formación y cultura religiosa. Son incapaces de entender períodos enteros de la Historia de nuestra civilización, como también del arte, de la literatura, de la música. No son alérgicos a los dogmas, o sea a las verdades de la fe cristiana, y menos a la Iglesia; ¡la cosa es que no saben nada de ella! Por ello, en las encuestas más serias, sus respuestas revelan ignorancia, indiferencia y falta de educación religiosa. Están condicionados por todos los clichés y por todos los conformismos que circulan sobre la fe cristiana. En pocas palabras, están lejos de la Iglesia, porque al no haber sido educados en ella no se han integrado en la tradición religiosa.

Confusión entre lo religioso y lo paranormal

Hay que reconocer que muchos jóvenes son bastante ajenos a cualquier dimensión religiosa, la cual, a pesar de todo, no quiere otra cosa que surgir. ¿Cómo podría ser de otro modo en un mundo que elimina lo religioso? Lo confunden con lo parapsicológico, lo irracional y la magia. Son atraídos por los fenómenos del “más allá de la realidad” que provocan una resonancia emotiva y suscitan sentimientos capaces de hacerles creer en la existencia de un ser del más allá. Pero en este caso sólo se encuentran a sí mismos, sus sensaciones y su imaginación. La espiritualidad que está ahora de moda es aquélla carente de palabras, de reflexiones y de contenido intelectual, o sea, aquélla consistente en muchas corrientes de filosofía y de sabiduría sin Dios que, venidas del Oriente y de Asia; éstas son en sí interesantes, pero no son religiones, a pesar de ser valorizadas y deformadas actualmente, aún sin representar un movimiento de masas. Según esta mentalidad hay que ser “cool”, “zen” y tranquilos, o sea, no hay que probar nada, sino hay que vivir en una inercia moderada. Toda desviación es posible porque no hay ningún control institucional o intelectual.

Todo, y lo contrario de todo, puede ser puesto en lugar de Dios, actitud totalmente opuesta al cristianismo que es la religión de la Encarnación del Hijo de Dios y que transmite un mensaje de verdad y de amor con el que se puede construir la vida y luchar contra todo lo que la arruina y la destruye. Los jóvenes cristianos advierten que la presencia de Dios y su mensaje llevan consigo una esperanza inmensa que les abre los caminos de la vida. Pero cuando el sentimiento religioso, inherente a la psicología humana, no ha sido educado y enriquecido con un mensaje auténtico, permanece primitivo y prisionero de una mentalidad supersticiosa y mágica. La falta de educación religiosa anima a las sectas y a los falsos profetas a que se autoproclamen como tales para hablar en nombre de una divinidad hecha a su imagen. El hombre necesita ser introducido en una dimensión diferente a la suya, dimensión que el Creador ha inscrito en el corazón de cada ser humano. Así es vinculado por Dios a los demás, a la Historia, y, sobre todo, a un proyecto de vida que lo revela a sí mismo, lo humaniza y lo enriquece. He aquí el sentido de la Palabra del Evangelio transmitida por la Iglesia.

Los jóvenes de la JMJ están en búsqueda de una vida espiritual

La mayor parte de los jóvenes que participan en la JMJ irradian bienestar y la alegría de vivir, llaman la atención por su calma, la sonrisa, la delicadeza, la gentileza, la cooperación y la apertura. Tenemos que tener fe en estos jóvenes, que preparan una revolución espiritual silenciosa, pero muy activa. Como sus coetáneos, también ellos tienen problemas: alguno ya habrá tenido cierta experiencia con la droga o se habrá comportado de cierta manera sin tener en cuenta la moral cristiana. Viven experiencias y fracasos, pero tienen hambre de otra cosa y están en búsqueda de una esperanza. Anhelan un ideal de vida y una espiritualidad fundada en alguien, en Dios. La sociedad europea que cada vez está más vieja, escéptica y sin esperanza, es sacudida por estos jóvenes que creen en Dios y que quieren vivir en consecuencia. La mayor parte proviene de comunidades cristianas y ha invitado a jóvenes que están en búsqueda. Saben que la vida no es fácil, pero al tener una esperanza firme no se resignan. Más o menos cristianos, se dirigen a la Iglesia para encontrar respuestas a su inmensa necesidad espiritual. Su presencia radiante deja un signo en todos países en los que se desarrolla la JMJ. Invierten, de hecho, la imagen reducida que se tiene de la juventud, porque cada vez que se habla de ella, es sólo para evocar una sexualidad impulsiva, la droga, la delincuencia, etc. Pero si algunos viven de ese modo es porque han sido abandonados a su suerte.

La sociedad es infantil hacia los jóvenes porque los utiliza como modelo, cuando en realidad son los jóvenes los que necesitan puntos de referencia. Se les adula, pero la sociedad no ama a los propios hijos, a juzgar por todas las dimensiones educativas de las cuales son objeto. También la acción pastoral local tiene su propia parte de responsabilidad en la medida en que a veces se han desatendido las tareas educativas o han sido abandonadas por las órdenes religiosas y los sacerdotes, que las habían tenido como vocación. Pero hay que reconocer que su tarea no era fácil en aquella época de rotura (1960-1970), en la que los jóvenes rechazaban masivamente toda reflexión religiosa. Los jóvenes de hoy carecen totalmente de una base desde el punto de vista religioso y hacen unas afirmaciones sorprendentes. Hace poco uno de ellos preguntó a un sacerdote: “¿Por qué mezcláis la Navidad con la religión?”. ¡Él no sabía que la Navidad es el día en el que se celebra la natividad de Jesús! La Navidad es así reducida a una fiesta comercial en familia. Gracias al éxito de la JMJ, este modo de ver las cosas puede cambiar desde el momento en el que los jóvenes se empeñen en una búsqueda espiritual y descubran que gran parte de la visión del hombre, como también enteros sectores de la vida social, han sido modelados por el mensaje de la Iglesia y de generaciones de cristianos.

¿Por qué Juan Pablo II atrae a tantos jóvenes, a pesar de que el mensaje cristiano es exigente, sobre todo en materia de moral sexual?

A menudo hacen esta pregunta y la respuesta viene por sí sola: es el mensaje de Cristo transmitido por la Iglesia, y siempre ha sido exigente; pero también es fuente de alegría. Es difícil vivir no sólo en el campo sexual sino en todas las realidades de la vida. Nada auténtico, coherente y duradero se construye sin dificultad. Juan Pablo II presenta el camino a seguir para vivir como cristianos en nombre del amor de Dios, y este amor es un modo de buscar el bien y la vida para sí mismo y para los demás. Siempre seremos capaces de este amor que no es un sentimiento, ni tampoco un bienestar afectivo, pero corresponde al deseo de buscar en Dios aquello que nos hace vivir. Los jóvenes son sensibles a este lenguaje y a la persona de Juan Pablo II que lo afirma tranquilamente, a pesar de las críticas y el sarcasmo. Les habla de la vida allí donde no escuchan otra cosa que muerte, droga y suicidio, de fracasos en el campo afectivo con el divorcio, de desempleo, por no citar una sociedad que los descuida.

Juan Pablo II tiene fe en ellos y les da fe en la vida. Les dice que es posible vivir y triunfar en la vida, y les explica incluso cómo se hace. La generación precedente no siempre les ha transmitido convicciones firmes, ni les ha enseñado a vivir con un cierto número de valores, limitándose a repetir hasta la saciedad los valores de la sociedad de consumo. ¿Qué cosa hacen los jóvenes? Se dirigen a los ancianos para obtener aquello que no han tenido: son los ancianos los que, como lo hace el Papa, los enlazan con la Historia y la memoria cultural y religiosa, desbancando así a sus padres. No hay divisiones entre el Papa y los jóvenes. Cuando los jóvenes perciben palabras auténticas, se sienten respetados y valorizados: “Por fin hemos sido tomados en serio, él tiene fe en nosotros”.

A la Iglesia se le atribuye una obsesión en cuanto a la moral sexual. Aunque este tema no represente ni el 9% de los discursos y de los escritos del Papa, los medios de comunicación se detienen sólo en este aspecto, silenciando todo el resto. La historia del preservativo[12] es característica de esta desinformación y de la manipulación de la que son objeto sus discursos. Juan Pablo II en cambio dice una cosa diferente: se apoya en el Evangelio y no depende de las ideas ligadas a una moda pasajera. Apela al sentido del amor y de la responsabilidad. Como Cristo, prefiere dirigirse a la conciencia humana, para que cada uno se interrogue sobre el propio comportamiento para saber si se ha vivido en el sentido de un amor auténtico, leal y honesto hacia uno mismo y hacia el otro.

Persigue su misión. La reflexión sobre la sexualidad no puede reducirse a un discurso sobre la salud, sobre todo cuando ésta descuida la responsabilidad moral de las personas. La valoración moral concierne también a la sexualidad y no sólo a la vida social, a no ser que se quiera crear una escisión aberrante. Los cristianos son invitados a inspirarse en este modelo y así su propio comportamiento nazca de una conciencia evangélica iluminada.

Obispo advierte a jóvenes sobre los peligros de seguir a los ídolos del mundo

BUENOS AIRES, (ACI).- “Los ídolos generan esclavitud”, solo con Dios serán libres, expresó este domingo el Arzobispo de Rosario(Argentina), Mons. Eduardo Eliseo Martín, a los miles de jóvenes que participaron en la 38° Peregrinación Rosario-San Lorenzo con el lema “Madre de la pureza, guíanos a Jesús”.

“Los ídolos generan esclavitud, no sólo para quienes son idólatras, sino para tantas víctimas que nacen de esas idolatrías. Por eso hoy estamos aquí para dar gloria a ese Dios verdadero, al Padre, Hijo y Espíritu Santo y a renovar nuestra fe y entrega al Señor”, señaló el Prelado a los jóvenes que recorrieron los 25 kilómetros de la peregrinación rezando y reflexionando sobre la vocación, especialmente a la vida consagrada.

En la Misa con la que se puso fin a la peregrinación, Mons. Martín reflexionó sobre el día de la Santísima Trinidad, donde “contemplamos el misterio de Dios que en Cristo se ha manifestado. Ya Dios no es un ignoto, un desconocido, ya Dios se nos ha revelado, se nos ha hecho cercano. Estamos hechos para Dios, para conocer, amar y servir a Dios, para adorar a Dios”.

En ese sentido, advirtió sobre los riesgos de seguir a los ídolos que propone el mundo. “Si nos ponemos de rodillas delante de Dios, somos libres, pero si nos ponemos de rodillas delante de los ídolos -porque nadie puede vivir sin ponerse de rodillas- lo hacemos delante de la lujuria del dinero y del poder”.

“Nadie puede vivir sin un Dios –advirtió-, o tenemos al Dios vivo y verdadero que nos ha revelado a Jesucristo, o tenemos los ídolos que nos esclavizan, nos prometen la felicidad pero no las dan. Solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo puede darnos esa felicidad que nos decía el libro de Deuteronomio”.

Mons. Martín exhortó a los jóvenes a pensar en las consecuencias de la adoración al dinero, cuyo poder “en éstos días en los diarios está manifiesto, millones y millones de dólares de coimas recibidas”.

“¿Cuánta corrupción, parece que se toca y de todo sale pus, de esos ídolos, no? Entonces nosotros tenemos que seguir fieles y firmes a Dios y no apartarnos de Él, porque además los que idolatran el dinero no lo reparten, entonces nacen las injusticias, los abusos”, señaló.

Por ello, el Prelado alentó a los jóvenes a tener siempre en su mente y en su corazón la meta de llegar al cielo, “con los pies bien puestos en la tierra”.

“Hay muchos hombres que hoy viven como vagabundos, nosotros somos peregrinos porque sabemos que venimos de Dios y hacia Dios vamos y no caminamos solos, vamos juntos como ustedes hicieron estos kilómetros desde Rosario hasta San Lorenzo”, afirmó Mons. Martín.

¿Te ha pasado?

2103201515302“Pues lo mismo ustedes: de momento están tristes; pero volveré a verlos y de nuevo se alegrarán con una alegría que nadie les podrá rebatar.” Jn.16,22
¿Nunca te ha pasado? Esos días en que te despiertas cantando, con ánimo, con fuerza. Esos momentos en los que sientes que, de verdad, todo tiene sentido. E intuyes a Dios. Y te das cuenta de que hay gente en tu vida que la hace sólida. Esas ocasiones en que no hay problemas que te parezcan irresolubles. Y en que pasas de puntillas por obstáculos que otras veces se presentan como monstruos. Días en que notas que quieres más a los otros. Y que miras tu propia vida con menos dureza y con más amabilidad. Algo de eso es el Dios vivo en nosotros.

Palabras de Moda

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Palabras de moda
Selfi, nomofobia, apli, árbitra, impago, abdicar, ucraniano, ébola, superluna, postureo, dron y amigovio.

Son las doce palabras que se han considerado para elegir el neologismo del año. Selfi ha sido la elegida. Palabras que hablan de nuevas tecnologías, de género, de economía, de la actualidad de hoy que mañana pasa al olvido, de redes sociales o de nuevas dinámicas en las relaciones. En el fondo lo que muestran es que vivimos en una sociedad que cambia. A marchas forzadas. Una sociedad acelerada, que ve emerger novedad tras novedad; que genera nuevas adicciones (la nomofobia es el miedo a no estar conectados); que da, con el lenguaje, carta de ciudadanía a nuevas formas de vivir los afectos (los amigovios son los amigos con derecho a roce; no es algo nuevo, pero sí creciente, y es que parece que esto del roce sin compromiso es algo que cada vez se lleva más); que llena páginas y páginas hoy con noticias de un día que luego se olvidarán (en 2013 la palabra fue escrache. ¿Alguien la ha vuelto a pronunciar en los medios?).

El lenguaje es poderoso. Es intenso. Es necesario. Y es un reflejo de presencias y ausencias, de poder y silencio. Hay palabras que necesitan mantenerse vivas: justicia, libertad, igualdad, paz, compasión. Para que no se olviden, sepultadas por modas o novedades. Hay palabras que han de pronunciarse allá donde se pueden tomar decisiones (¿quién habla hoy, por ejemplo, en nombre de los cristianos brutalmente masacrados en Irak?). Hay palabras como “te quiero” que han de decirse solo si de verdad significan algo, para no banalizarlas.

Estos días se nos recuerda que Dios es Palabra. Una Palabra que se hizo vida. Y acampó entre nosotros. Una Palabra poderosa, chocante, coherente, hecha carne y sangre, hecha lágrima y risa. Hecha abrazo. Una palabra que es de siempre, y es eterna. Grabada a fuego en nuestra entraña. Aunque no esté tan de moda.
Palabras de moda
José María R. Olaizola